El verano pasado, mi familia y yo viajamos a la playa.
Salimos de casa a las seis de la mañana.
El viaje duró tres horas, pero el paisaje era hermoso.
Cuando llegamos, el sol brillaba y el agua estaba fría.
Mis hijos corrieron directamente a la arena.
Yo preparé la sombrilla y las sillas.
Mi esposa compró empanadas en un quiosco pequeño.
Comimos al mediodía, con la brisa del mar.
Por la tarde, caminamos por la orilla.
Al anochecer, vimos el atardecer más bonito del año.
Volvimos cansados, pero felices.
Ese día lo recordamos siempre.